sábado, 3 de octubre de 2015

KOKORO

Alrededor de las diez de la noche se escucharon pasos, era Sensei que había regresado, su esposa se levantó y salió a recibirlo; Sensei parecía de un humor excelente, pero lo extraño era que su esposa tenía mayor humor que él, a pesar de haber antes estado llorando en aquella platica, que lo que sobresalía mas era su sufrimiento; no la juzgó, comprendió que había verdadero motivo de preocupación por sus actos. Sensei lo saludo y le agradeció el haberse quedado con su esposa acompañándola, se disculpó por tanta inactividad que pudo haber tenido mientras esperaba su regreso; salió de la casa de Sensei y se dirigió a la suya, aquella noche no dio más por pensar en la conversación que habían tenido él y su esposa de Sensei. 

El invierno comenzaba, él siguió siendo asiduo de la casa de Sensei, cuando lo visitaba, algunas veces pedía a la mujer de Sensei que le arreglara uno que otro quimono, pues comenzaba a preocuparle cada vez más su apariencia; aquel invierno se vio obligado a regresar a su casa, en el pueblo, pues había recibido una carta de su madre donde le contaba que su padre había empeorado de su enfermedad, que unos días atrás había desmayado en el jardín creyeron que había tenido un derrame y comenzó con tratamiento, pero fue hasta unos días más tarde que el doctor concluyo que en realidad todo atribuía nuevamente en sus riñones, en realidad no era urgente, ni un caso de gravedad, había pensado en esperarse un tiempo más, pues faltaba poco para las vacaciones de invierno, pero su angustia no pudo más; una mañana pensó que no debía esperar más, en vez de esperar a que sus padres le enviasen dinero para el viaje, decidió pedirle prestado a Sensei, por ahí de paso le contaría lo sucedido y se despediría de él.

Al llegar, Sensei le dijo que tenía un poco de resfriado y no podía ir hasta el cuarto de invitados, lo invito a pasar a su estudio, aprovecho para contarle sobre la carta de su madre y para pedirle el dinero prestado para el viaje, Sensei lamento lo sucedido con su padre y le pidió a su mujer que le diera el dinero, se despidió de ellos y salió de Tokio en el tren nocturno.

Cuando llego por fin a su casa comprobó que en realidad la enfermedad de su padre no era tan grave como se temía, lo vio muy recuperado, su madre le dijo con un tono de mala gana “vuelves a casa y tu padre recupera milagrosamente las fuerzas”. De los tres hermanos que eran, era el único que más fácil tenía el visitar a sus padres pues era estudiante, uno de sus hermanos trabaja en una lejana isla y volvería a su casa, solo si las cosas se complicarían de verdad, su hermana, por su parte, se había casado y se había ido a vivir a la otra parte del país, por lo que tampoco podría volver precipitadamente. 

Envió una carta a Sensei agradeciéndolo el préstamo, le prometió que tan pronto llegara a Tokio, le informa acerca de la enfermedad de su padre que era menos grave de lo que esperaba y no había razón para preocuparse, también le pregunto acerca de su resfriado, por mucho de que no le diera tanta importancia, escribió la carta sin pensar en siquiera la posibilidad que le respondiera; pero cuando recibió su respuesta lo sorprendió mucho, era una carta franca y directa, era la primera que recibía de él. Solo recibió dos cartas en su vida de Sensei, la primera era esa sencilla respuesta la segunda extremadamente larga, la redacto antes de morir.

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