KOKORO
Pasado un mes del comienzo de sus clases, sintió la necesidad de visitar a Sensei, así que lo visito por dos ocasiones sin encontrarlo ninguna vez en su casa; la segunda ocasión que llego a visitarlo conoció a la mujer de Sensei, quien amablemente explico que su esposo había salido al cementerio de Zôshigaya a dejar flores a una tumba que visitaba cada mes. Salió de la casa, sintió la necesidad de ir al cementerio, para ver si de casualidad se encontraba con Sensei; cuando llego al cementerio vio a una persona conocida y la llamo Sensei, se dirigió hacia él, Sensei estaba sorprendido, comenzaron una conversación y quiso saber de quién era la tumba que visitaba, sin embargo Sensei no dijo más que era la tumba de un amigo, caminaron hacia a la salida.
Desde ese encuentro en el cementerio comenzó a visitar con más frecuencia, su comportamiento era el mismo desde que lo conoció en Kamakura; era silencioso, cauto, reservado, una persona capaz de amar intensamente, aunque incapaz de abrir sus brazos y aceptar en su corazón a personas que quisieran entrar en su vida, pero a pesar de ello, a él le parecía cada vez más interesante visitarlo.
Se llegaba el día de visita al cementerio, por lo que le pregunto si podía acompañarlo, pero Sensei se negó, lo único que le dijo fue que alguna razón que no podía explicar nadie podía acompañarlo a esa visita, ni siquiera su mujer lo había hecho. Él respetaba muchos sus decisiones, tal vez por ello su relación que establecieron fue cálida y humana.
Sus visitas cada vez eran más asiduas, Sensei comenzó a cuestionarle ¿Cuál era la razón y el interés que despertaba en él por visitarlo tan a menudo?, no supo que responder pero noto que Sensei se sentía incómodo con ello, pues no tenía muchas relaciones sociales; Sensei lo dijo “soy un hombre solitario, solitario y triste; por eso me alegra que vengas a verme, solo me extraña que lo hagas tan a menudo… me pregunto si en cierto modo tú no serás también un solitario”. Le menciono que él era ya mayor de edad y podía combatir con la soledad, pero él era joven y creía que tenía ganas de actuar y hacer las cosas con urgencia, le dijo “no hay época de mayor soledad que la juventud”, pero él no comprendía del todo sus palabras.
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